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Educación y bienestar emocional: dos caminos que necesitan ir de la mano para construir una sociedad mejor

 

    • Begoña Aguilera, responsable del Departamento de Orientación en el Colegio Europeo de Madrid

Con el inicio del curso escolar arrancan nuevas metas, ilusiones y el reencuentro con amigos y compañeros tras unas vacaciones más que merecidas. Para muchos niños y sus familias, el inicio del curso se afronta con muchas ganas y entusiasmo, sin embargo, lamentablemente no todos los niños y niñas lo afrontan igual. Por ello, asegurar el bienestar emocional de los estudiantes es, sin duda, una tarea imprescindible para el sector educativo de nuestro país.

Según un estudio de Fundación Mapfre y Siena Educación del pasado curso, la ansiedad destaca como uno de los problemas de salud mental más frecuentes entre los estudiantes de hoy en día.

Por ello, es indiscutible que educar es mucho más que transmitir conocimientos y que, más allá de la materia que se estudia en el aula, los docentes tienen el papel fundamental de acompañar a niños y adolescentes en algunos de los años más cruciales de sus vidas. Durante la etapa escolar, la mayoría de las personas descubrimos quiénes somos, cuáles son las cosas que más nos interesan, cuáles aquellas que más nos preocupan o cómo queremos relacionarnos con el mundo que nos rodea. Es por ello que el bienestar emocional de los más pequeños y jóvenes debe ser prioritario a nivel social y, por supuesto, también debe ir de la mano de la educación en los colegios.

Así pues, en una etapa de la vida marcada por los cambios, las dudas y la construcción de la propia identidad, es muy importante sentirse acompañado, escuchado y comprendido. En este punto es donde tenemos que centrarnos, ya que crear una comunidad educativa donde los niños y adolescentes sientan total confianza para pedir ayuda ante cualquier miedo, meta o adversidad, será un punto clave para garantizar su seguridad y bienestar emocional.

Además, gracias a esto, también les estaremos ayudando a construir una inteligencia emocional más consolidada que les aportará grandes beneficios como una mejor toma de decisiones, reducción del estrés o construir relaciones interpersonales más sanas, entre otros. Con todas estas herramientas, también les estaremos dando la oportunidad de que sientan una mayor seguridad a la hora de expresar cualquier sentimiento o emoción.

Según los profesores del estudio mencionado anteriormente, los problemas familiares (60,6%) y la influencia de las redes sociales (57,1%) son los factores que más afectan al bienestar mental del alumno, algo que nos demuestra que el trabajo sobre su bienestar emocional no puede depender, en ningún caso, solo del centro educativo.

No podemos pretender que los docentes sean los únicos responsables del bienestar emocional de los alumnos, ni que estos deban convertirse en especialistas de salud mental. Por ello, la colaboración conjunta con las familias será imprescindible y la clave para poder llevar a cabo este compromiso con el bienestar de niños y jóvenes con éxito.

Solo así se podrá crear un entorno, tanto académico como familiar, en el que cada persona sepa cuál es su papel y, sobre todo, en el que existan canales de comunicación y confianza más que suficientes para detectar cuándo un alumno necesita ser escuchado o acompañado.

También es importante señalar que escuchar no siempre significa tener la respuesta y solución de forma inmediata, sino que, en muchas ocasiones, significa estar disponible, prestar atención y poder transmitir que cualquier sentimiento o preocupación son totalmente válidos e importantes.

Por otro lado, no podemos dejar de hacer hincapié en algo realmente esencial en todo esto y es que, si queremos conseguir una comunidad educativa comprometida con el bienestar emocional de los más pequeños, también debe ser cuidada y escuchada. Por ello, contar con espacios y herramientas adaptados y suficientes serán una parte fundamental para poder llevarlo a cabo.

Si conseguimos todo esto, el resultado no puede ser otro que contar con alumnos que puedan crecer mucho más seguros y felices, que su rendimiento académico sea mejor y que todos ellos estén mucho más motivados, algo que será clave, una vez más, en su desarrollo educativo y personal.

En definitiva, construir una comunidad educativa emocionalmente saludable es una tarea colectiva donde sistema, docentes y familias deben ir de la mano. Cuando entendamos que no podemos prescindir de ninguna de estas patas y que el bienestar emocional será clave para construir una sociedad mucho más cualificada, estaremos listos para formar a personas capaces de expresarse libremente, participar, preguntar, equivocarse, aprender y confiar en los demás.

La educación necesita exigencia, pero también comprensión, porque educar no solo puede basarse en preparar a los estudiantes para el futuro profesional que les espera, también debe consistir en acompañarlos durante su vida escolar ante cualquier preocupación, ilusión o duda que aparezca.

 

 

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