
¿Campamentos de verano; ¿son una necesidad para los niños en la era digital?
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Leticia Manoiloff, responsable de campamentos del Colegio Europeo de Madrid.
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Se acerca el fin de curso y, con él, las ansiadas vacaciones de verano. Para muchos niños y niñas, eso significa juegos, deporte, excursiones, nuevos amigos y días enteros alejados de la rutina escolar. Para muchas familias, además, los campamentos de verano se convierten en una opción imprescindible para poder conciliar durante estos meses.
Sin embargo, más allá de la organización familiar o el entretenimiento, los campamentos han adquirido un valor todavía más importante en una sociedad donde las pantallas forman parte constante del día a día de los más pequeños. Tablets, móviles, videojuegos, redes sociales o plataformas de contenido ocupan gran parte de su tiempo, incluso desde edades muy tempranas. Y, aunque la tecnología aporta enormes ventajas en términos de aprendizaje, acceso a la información y ocio, también plantea un reto evidente: encontrar espacios donde los niños puedan desconectar y volver a conectar con experiencias reales.
Si nos paramos a pensar, seguramente, nos cueste recordar cuándo fue la última vez que nuestros hijos o hijas pasaron un día entero jugando, creando y relacionándose sin una pantalla delante. Y es que, en este punto, debemos ser conscientes de que las nuevas tecnologías forman parte de la vida, educación y día a día de las nuevas generaciones. No obstante, desconectar de ellas para disfrutar, de una forma mucho más tradicional, de valores como el compañerismo, la creatividad o el trabajo en equipo, siempre será una apuesta segura de cara a su desarrollo personal y académico. Ojo, esto no significa que las nuevas tecnologías eliminen estos valores de la formación y crecimiento por completo, ya que muchos proyectos educativos que cuentan con ellas como pilar base de su currículo, siguen fomentándolos día a día en el aula.
Así pues, cabe destacar que los campamentos de verano cobran hoy más sentido que nunca. Y es que estos ya no significan únicamente ocio o conciliación familiar, sino que, en plena era digital, pueden convertirse en un espacio de equilibrio frente a la hiperconexión.
La tecnología está aportando grandes ventajas en cuanto a aprendizaje, acceso a la información y el entretenimiento. No obstante, el problema aparece cuando esta sustituye a otros aspectos esenciales para el desarrollo infantil como el juego físico, la interacción cara a cara, la creatividad espontánea o las relaciones sociales. Por ello, los campamentos de verano siguen siendo no solo una opción perfecta, sino una necesidad, para que nuestros hijos e hijas disfruten de aventuras y actividades, mientras aprenden y se divierten al mismo tiempo.
Así pues, es probable que, durante las vacaciones (y seguramente más que durante el curso escolar), los más pequeños sigan usando dispositivos en distintos momentos del día para diferentes actividades, tanto educativas como de ocio. Ahora bien, ¿deberíamos prohibirles el acceso total a las pantallas? La respuesta, siempre y cuando se haga un uso correcto y responsable de ellas, es no. No se trata de prohibir una realidad que forma parte de la sociedad actual, sino de encontrar espacios donde los niños puedan volver a conectar con experiencias más humanas, espontáneas y reales.
Durante este tiempo conseguiremos reducir estímulos digitales, los más pequeños disfrutarán de experiencias sensoriales y reales y podrán aprovechar para pasar tiempo realizando actividades al aire libre, practicando deporte, aprendiendo en dinámicas grupales o, incluso, disfrutando de la naturaleza. En un campamento de verano, la atención de los niños y niñas vuelve a centrarse en las personas y en las cosas tangibles que viven durante su estancia en él.
Una de las claves de esta apuesta, además, es el desarrollo de las habilidades sociales que las pantallas o las nuevas tecnologías no permiten del mismo modo. Durante estas actividades, los más pequeños no solo aprenden a convivir, sino que también aprenden a gestionar emociones, resolver conflictos, trabajar en equipo o potenciar su empatía e inteligencia emocional, entre muchas otras cosas.
En conclusión, es más que evidente que los campamentos no solo van a seguir cobrando fuerza en plena era digital, sino que cada vez van a ser más necesarios para recordar que, aunque la tecnología aporta enormes ventajas, hay experiencias esenciales para el desarrollo infantil que solo pueden vivirse fuera de una pantalla.
En un mundo cada vez más digital, quizá el mejor regalo que podemos ofrecerles siga siendo el más sencillo: tiempo de calidad, experiencias reales y la oportunidad de relacionarse cara a cara con el mundo que les rodea.