
Aprender jugando: por qué el juego sigue siendo una herramienta fundamental en infantil y primaria
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Emma Roe, profesora en primaria en The English Montessori School (TEMS).
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El juego es mucho más que una actividad de ocio. Durante la infancia, constituye una de las principales formas de descubrir el mundo, experimentar, desarrollar habilidades y comprender conceptos nuevos. A través del juego, los niños aprenden de manera activa, ponen a prueba sus ideas y adquieren herramientas que les acompañarán a lo largo de su trayectoria educativa.
En las etapas de infantil y primaria, aprender jugando permite conectar la curiosidad natural de los niños con el desarrollo de habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Esta visión conecta con los principios del método Montessori, que sitúa al niño en el centro del aprendizaje y apuesta por la experimentación y la autonomía como elementos esenciales de su desarrollo.
Desde esta perspectiva, el aprendizaje no consiste únicamente en recibir información, sino en interactuar con el entorno, manipular materiales y descubrir conceptos a través de la propia experiencia. Estas son cuatro formas en las que el juego y los principios Montessori pueden contribuir al aprendizaje:
- Curiosidad: aprender a través del descubrimiento
El método Montessori parte de la idea de que los niños construyen su aprendizaje a través de la experiencia directa y la exploración del entorno. Los materiales manipulativos, las actividades sensoriales y las propuestas prácticas les permiten observar, experimentar y establecer conexiones entre diferentes conceptos.
En infantil, clasificar objetos, reconocer formas o explorar diferentes texturas ayudan a desarrollar habilidades básicas a través de los sentidos. En primaria, los materiales concretos pueden facilitar la compresión de conceptos matemáticos, lingüísticos o científicos antes de avanzar hacia ideas más abstractas. La curiosidad se convierte así en un motor de aprendizaje, y el niño participa activamente en el descubrimiento de nuevos conocimientos.
- Autonomía: aprender haciendo
Uno de los pilares del método Montessori es favorecer la autonomía desde las primeras etapas educativas. Para ello, se ofrece a los niños un entorno preparado, con materiales accesibles y actividades adaptadas a sus capacidades, que les permite elegir, actuar y aprender progresivamente por sí mismos.
El juego y la experimentación ofrecen oportunidades para tomar decisiones, resolver pequeños problemas y comprobar los resultados de las propias acciones. Actividades como construir, clasificar, ordenar secuencias o completar tareas prácticas ayudan a desarrollar la concentración, la coordinación y la confianza.
El papel del adulto consiste en observar, orientar y acompañar sin intervenir constantemente. En lugar de proporcionar todas las respuestas, se trata de ofrecer las herramientas necesarias para que cada niño pueda avanzar a su ritmo y pueda aprender de sus errores.
- Habilidades sociales y emocionales: aprender a convivir
Aunque el método Montessori presta especial atención al desarrollo individual, la convivencia también ocupa un lugar importante. Compartir espacios y materiales, respetar turnos y colaborar en actividades comunes ayuda a los niños a desarrollar habilidades sociales y comprender las necesidades de los demás.
El juego cooperativo permite trabajar la empatía, la comunicación y la gestión de las emociones. A través de estas experiencias, los niños aprenden a respetar diferentes puntos de vista, resolver pequeños conflictos y afrontar la frustración, con el acompañamiento del adulto cuando lo necesitan.
- Creatividad: experimentar, equivocarse y volver a intentarlo
El método Montessori fomenta el aprendizaje activo a través de la manipulación y la experimentación. Los materiales permiten a los niños explorar distintas posibilidades, probar soluciones y descubrir por sí mismos cómo resolver un reto.
Equivocarse forma parte del aprendizaje y ofrece una oportunidad para reflexionar, corregir y volver a intentarlo. Esta dinámica favorece la creatividad, la perseverancia y la confianza. En infantil, puede trabajarse mediante actividades de construcción y clasificación; y en primaria, a través de retos matemáticos, experimentos o proyectos que requieran buscar soluciones propias.
En definitiva, aprender jugando está en sintonía con los principios Montessori al fomentar la curiosidad, la autonomía y la participación activa del niño. El juego complementa el aprendizaje académico y permite desarrollar habilidades fundamentales desde la experiencia. Las familias también pueden favorecerlo en casa con actividades cotidianas, como cocinar juntos, cuidar las plantas o jugar a juegos de mesa, ofreciendo a los niños oportunidades para explorar, asumir pequeñas responsabilidades y aprender a su propio ritmo.