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La competencia real para la vida

    • Sara Rodríguez, jefa del departamento de Lenguas Extranjeras Modernas del Colegio Europeo de Madrid

Es evidente que los idiomas se han convertido en un punto muy importante en cualquier CV. Las empresas, tanto a nivel nacional como internacional, apuestan cada vez más por ellos y, precisamente por esto, es tan importante priorizar una educación multilingüe.

No hay dudas de que, en un mundo cada vez más conectado y globalizado, el aprendizaje de idiomas no puede quedarse únicamente en controlar reglas gramaticales o tener unos conceptos básicos. Aprender idiomas va mucho más allá, porque ya no basta con saber hablar otra lengua, sino que, desde los centros educativos, debemos hacer hincapié en aprender a pensar, comunicarnos y desenvolvernos en diferentes contextos de forma totalmente natural.

Por ello, coincidiendo en el Día Europeo de las Lenguas, que se celebra cada 26 de septiembre, es importante reflexionar sobre el papel que la educación basada en idiomas debería ocupar en la sociedad actual.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que, cuando los idiomas forman parte del aprendizaje diario de los alumnos y no se limita a una asignatura aislada, su impacto va mucho más allá de la competencia lingüística. Está comprobado que aprender en diferentes idiomas aporta grandes beneficios cognitivos y cerebrales, incrementando distintos aspectos como la concentración o la creatividad, así como múltiples ventajas tanto en el ámbito académico, como en el personal y social. 

Y es que, el aprendizaje basado en idiomas aporta también la capacidad de entender que un mismo problema puede contemplarse desde diferentes perspectivas y esa flexibilidad acaba siendo muy beneficiosa no solo en el aprendizaje de una lengua extranjera, sino también para enfrentarse a otras asignaturas como matemáticas, ciencias, literatura o a cualquier situación que requiera analizar, interpretar y buscar soluciones.

Por otro lado, no podemos olvidar que el aprendizaje de idiomas también es una puerta de acceso a otras culturas. Cuando un niño o niña aprende otro idioma, de forma inevitable entra en contacto con otras costumbres, tradiciones o formas de relacionarse y de interpretar el mundo. Por ello, los idiomas también son la herramienta perfecta para desarrollar la curiosidad, la empatía y el respeto hacia otras realidades. Por todo ello, este aprendizaje ya no puede ser solo una cuestión académica, que también, sino que debe entenderse como una competencia esencial y real para la vida.

Así pues, el aprendizaje tiene que ir más allá de estudiar un idioma en el aula, que será la base de todo, hay que ponerlo en práctica y, además, utilizarlo de forma real en el día a día: trabajando en las asignaturas, integrándolo en el juego o en actividades cotidianas como ver películas o leer libros en otras lenguas. Solo ello permitirá adquirir un aprendizaje real en distintos ámbitos y momentos, lo que se traducirá en que los niños y niñas, con el tiempo, puedan participar en conversaciones espontáneas, defender una idea o explicar algo de forma totalmente natural, sin tener que haberlo preparado de forma previa.

Además, todo esto cobra mucha más importancia cuando pensamos en el futuro real y profesional que les espera a los estudiantes de hoy.  Y es que, en un futuro próximo, todos ellos se adentrarán en el mercado laboral, un mercado donde, cada vez más, los equipos internacionales, las reuniones con personas de otros países o la colaboración entre culturas es más común. Esto implica que las empresas necesiten profesionales capaces de comunicarse en otras lenguas, pero también capaces de entender diferentes contextos, negociar, exponer y debatir ideas y generar confianza, por lo que no solo les brindará más oportunidades laborales, sino que les permitirá acceder a puestos de mayor responsabilidad y, por tanto, a salarios más elevados.

Así pues, apostar por el aprendizaje en idiomas es algo que empieza en la infancia y se convierte en uno de los mejores regalos que les podemos hacer a las nuevas generaciones, así como también seguirá representando una ventaja profesional. No obstante, el verdadero valor diferencial estará no solo en el aprendizaje en sí, sino en saber utilizar los idiomas con naturalidad como herramienta de trabajo y de relación con los demás.

Por eso, quizás ha llegado el momento de dejar de preguntarnos cuántos idiomas estudian nuestros alumnos y empezar a plantearnos qué son capaces de hacer con ellos.

 

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