
Educación preuniversitaria: la asignatura pendiente en España
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- Ian Piper, director de Hastings School
Cuando hablamos del paso del colegio a la universidad, el foco suele ponerse en los resultados académicos o en las pruebas de acceso. Sin embargo, existe una cuestión que cada vez genera más preocupación entre las familias y docentes: la preparación de los estudiantes para afrontar con éxito la universidad y hacer frente un entorno laboral cada vez más globalizado. Ante este contexto, modelos educativos internacionales como el Programa del Diploma del Bachillerato Internacional (IB) han ganado un mayor protagonismo, ya que ofrecen una preparación más amplia de cara al acceso a la universidad.
Uno de los aspectos más diferenciales del modelo educativo británico frente al español se encuentra precisamente en esta fase. Mientras que el Bachillerato en el modelo español ha estado orientado a la adquisición de contenidos y superación de pruebas, en el modelo británico se propone una preparación más completa. De este modo, no se centra únicamente en preparar académicamente al alumno para acceder a la universidad, sino que busca desarrollar competencias que serán fundamentales, tanto para la educación superior como para su futuro profesional.
De este modo, nos encontramos con dos modalidades de Bachillerato. Por un lado, el que mencionábamos anteriormente, el Bachillerato Internacional que incorpora tres componentes troncales, adicionales a las asignaturas tradicionales como pueden ser Matemáticas, Ciencias Sociales o Literatura. El primero es Teoría del Conocimiento, una materia orientada a que los alumnos preparen un ensayo argumentativo sobre un tema previamente fijado; Monografía, un trabajo de investigación individual en el que se profundiza sobre un área de su interés; y, por último, Creatividad, Actividad y Servicio (CAS), que implica que el alumno adopte papel activo en su comunidad.
Por otro lado, en el modelo británico también encontramos el sistema A-Levels, una alternativa en la que los estudiantes pueden especializarse ya desde Bachillerato en asignaturas concretas. De este modo, se busca que el alumno pueda personalizar esta última etapa escolar y profundizar en aquellas materias más alineadas con sus intereses y objetivos profesionales.
En este sentido, es muy importante que los colegios trabajen por eliminar algunas de las limitaciones estructurales que, a día de hoy, siguen teniendo a la hora de preparar a los estudiantes para la universidad. El Bachillerato tradicional sigue estando muy condicionado por la presión de las pruebas de acceso. También por un currículo que sigue estando más centrado en la memorización de contenidos que en el desarrollo de competencias que pueden ser clave para su desarrollo, como la reflexión crítica, la gestión del tiempo o la elaboración de ensayos. Con ello, se están formando a alumnos con una sólida base teórica, pero con menor experiencia en metodologías más propias de la etapa universitaria.
Reforzar la educación preuniversitaria implica, por tanto, ir más allá de los contenidos y apostar por un modelo en el que se combine conocimiento y desarrollo competencial. Así, no solo tendremos alumnos más formados, sino que serán capaces de tomar mejores decisiones informadas sobre su futuro, tener una mayor independencia y adquirir competencias claves en su futuro.