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Qué competencias deben adquirir los alumnos de Bachillerato en su preparación hacia la universidad

El contexto actual, tan cambiante y en constante transformación, hace que el futuro de los alumnos que actualmente están al final de su etapa escolar sea mucho más incierto que hace unos años. Muchos de los empleos que terminarán desempeñando todavía no existen. De este modo, la preparación de estos futuros profesionales se vuelve más compleja.

Es por ello, que la etapa final del periodo escolar, lo que en España se conoce como Bachillerato, debe reformularse y ofrecer una serie de competencias para que los alumnos tengan la capacidad de adaptarse y afrontar el nuevo mundo laboral. Para ello, la formación no debe ser puramente teórica, sino que debe incluir el aprendizaje de las llamadas “soft skills” o habilidades blandas. Es decir, las competencias interpersonales, emocionales y sociales como pueden ser la comunicación, la responsabilidad individual, la creatividad o el pensamiento crítico, entre otras.

Una formación en la que se contribuya a desarrollar todas estas habilidades hará que formemos alumnos más maduros y con mayor una capacidad de análisis antes de tomar decisiones que van a ser importantes para su futuro, como la elección de su formación superior. Alumnos también resilientes y con capacidad para solucionar posibles problemas que puedan surgir en su futuro académico o profesional.

Las habilidades comunicativas tienen también un gran peso en la formación del futuro. Debemos preparar a los alumnos para que tengan una comunicación efectiva. Es decir, poder trasladar y expresar ideas de forma clara y, a su vez, escuchar y comprender las de los demás. Con ello, tendrán la capacidad de trabajar en equipo de manera exitosa.

Otro aspecto fundamental que se debe desarrollar en esta etapa es la autonomía. Muchos alumnos cambiarán de ciudad cuando empiecen la universidad y vivirán su primera independencia. Sus primeras veces fuera de casa y con la familia lejos. Por ello, es muy importante que en el colegio también se les prepare para ese paso, trabajando la confianza en sí mismos y, como mencionábamos anteriormente, su capacidad para hacer frente a los imprevistos que puedan surgir.

En el aspecto más académico, la formación en habilidades tecnológicas es clave. El futuro laboral va a estar marcado por la evolución de la tecnología. Por ello, que los alumnos cuenten con ciertas competencias básicas en esta área, como la programación o la inteligencia artificial, será una gran ventaja para su formación posterior.

Los idiomas se sitúan como otro de los grandes pilares de la educación. En mundo cada vez más globalizado, dominar dos o más lenguas no solo será la puerta de entrada a más oportunidades laborales, sino que favorecerá que los alumnos puedan desenvolverse en entornos multiculturales. Además, de cara a la formación profesional, les permitirá acceder a universidades extranjeras o participar en programas de intercambio, algo que les enriquecerá enormemente tanto personal como académicamente.

En definitiva, el Bachillerato debe ser una etapa en la que no se ofrezcan únicamente conocimientos académicos. Debe concebirse como una etapa clave en la que se acompañe a los alumnos en el desarrollo de competencias que permitan desenvolverse en un entorno en continuo cambio y lleno de desafíos. Solo a través de una educación que combine el desarrollo de habilidades y valores junto con una formación académica completa podremos ayudarles a estar preparados y con confianza para el camino que les espera.

 

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