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In memoriam, Don Bernardo Rodríguez Alonso

En la noche del sábado 25 de abril, en su casa, por causas naturales, después de ganar innumerables batallas durante los 90 años de su vida, falleció Bernardo Rodríguez Alonso, empresario y Presidente de Honor de los Colegios Arenas, Arenas Atlántico y Arenas Internacional.

Bernardo nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1929, en el seno de una familia trabajadora. Tras los estudios primarios en el Colegio Arenas, realizó estudios mercantiles en la Escuela de Comercio. Más tarde, fue profesor en el Colegio Arenas, ostentando algunos años la dirección; trabajó al mismo tiempo en una empresa aduanera y como profesor adjunto de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Se casó en los años 50 con Carmen Ojeda (†2005), con quien tuvo cinco hijos: Alberto, Aída, Jaime, Daniel y Alejandro.

Con 47 años, Bernardo emprendió la carrera de Ciencias Empresariales en la Universidad de Málaga, que finalizó en su ciudad natal en 1980. En su amplia faceta profesional, fue Controller en una importante empresa canaria de importación-exportación; fundó, junto a su socio y amigo Francisco Junco, una empresa de asesoramiento fiscal; fue Delegado de la Asociación de Asesores Fiscales de Canarias, y miembro de la Junta Directiva Nacional, así como Representante de España en la Asociación de Asesores Fiscales de Europa.

Tras más de quince años, abandona la asesoría para dedicarse plenamente a los Colegios Arenas, ocupándose de su gestión económica y empresarial, e impulsando su desarrollo y modernización. Cuando fallece su esposa, traspasa esta gestión a la tercera generación familiar. Actualmente, era Consejero Delegado no ejecutivo del Colegio Arenas, Arenas Atlántico y Arenas Internacional.

En 2016, con motivo del 75 aniversario del Colegio Arenas, familiares, profesores, directivos, compañeros de profesión y antiguos alumnos le rindieron un homenaje muy emotivo, en que, sobre todo lo demás, quedó patente cómo Bernardo vivió mirando siempre adelante, convencido de que los nuevos tiempos eran mejores que los de antaño, y de que los que quedaban por venir serían aún más halagüeños.

Hasta el último día, ha aportado a cuantos le rodeaban sabiduría, conocimiento y experiencias. Pero también simpatía, con el gracejo que solo da la socarronería canaria. De todos los que lo frecuentaban era sabido su amor por el folclore y las costumbres de esta tierra. Amante del mar, realizó durante años crónicas de Vela Latina para el desaparecido diario “Eco de Canarias”.

Leyó a diario prensa española y extranjera, para mantenerse informado. En los últimos tiempos, se le oía, además, jugar con las palabras, haciendo rimas con ellas, relacionándolas por su acentuación… Era su manera de mantener activo el cerebro –decía, con su característico buen humor.

La vida ha otorgado a Bernardo, trabajador incansable y ejemplar, el premio de vivir hasta el final de sus días rodeado del amor de su familia, de sus hijos, de sus nueras, de sus nietos, quienes lo admiraban y lo han mimado con devoción, en justa correspondencia con la devoción que él sintió también hasta el final por los suyos.

Descanse en paz.

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