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Macarena Estévez advierte del riesgo de que la inteligencia artificial reduzca la capacidad de pensamiento de las nuevas generaciones

La experta en inteligencia artificial reivindica en el Congreso Top Voces Educación de ACADE el papel de los colegios para preservar el conocimiento, el pensamiento crítico y la autonomía de los alumnos ante la aceleración tecnológica.

La inteligencia artificial está transformando la sociedad a una velocidad sin precedentes y plantea un desafío fundamental para la educación: aprovechar sus posibilidades sin que las nuevas generaciones pierdan la capacidad de pensar, razonar y aprender por sí mismas.

Así lo advirtió Macarena Estévez, matemática, experta en inteligencia artificial y CEO de Cirentis, durante su intervención «Del dato al futuro: claves para no quedarse atrás en educación», celebrada en el Congreso Top Voces Educación 2026, organizado por ACADE los días 15 y 16 de octubre en Madrid.

Estévez invitó a los responsables educativos a mirar el futuro desde la perspectiva de los niños que todavía no han nacido y que crecerán en un entorno profundamente condicionado por la inteligencia artificial.

La experta señaló que las decisiones que actualmente toman los adultos sobre la incorporación de estas tecnologías determinarán las capacidades, los hábitos y la forma de relacionarse con el conocimiento de las generaciones futuras.

En este contexto, defendió la necesidad de que los centros educativos anticipen los cambios tecnológicos y reflexionen sobre sus consecuencias antes de incorporarlos de manera generalizada a las aulas.

El peligro de delegar el pensamiento en las máquinas

Uno de los principales riesgos identificados por Estévez es la progresiva delegación de las capacidades intelectuales en la inteligencia artificial.

La ponente explicó que, a medida que estas herramientas ofrecen respuestas más rápidas y eficaces, aumenta la tendencia a aceptar sus resultados sin comprobarlos ni reflexionar sobre ellos.

Esta dependencia puede resultar especialmente preocupante entre los jóvenes, que han crecido acostumbrados a utilizar la tecnología para resolver numerosas tareas cotidianas.

Estévez recordó que el desarrollo humano ha estado estrechamente ligado a la necesidad de afrontar problemas mediante el pensamiento, el conocimiento y la creatividad. Por ello, advirtió de las consecuencias que podría tener abandonar progresivamente ese esfuerzo intelectual.

Frente a esta situación, defendió que la educación debe seguir impulsando el estudio, la memorización, el razonamiento, la comprensión y el debate, capacidades que considera esenciales para mantener la autonomía de las personas.

La inteligencia artificial multiplica las capacidades de quienes tienen conocimientos

La experta también destacó las extraordinarias oportunidades que ofrece la inteligencia artificial cuando se utiliza como una herramienta de colaboración y aprendizaje.

A través de ejemplos de aplicaciones que permiten analizar grandes cantidades de información, recuperar conocimientos y trabajar con herramientas digitales, explicó cómo la IA puede ampliar las capacidades de las personas y facilitar tareas que anteriormente requerían mucho más tiempo.

Sin embargo, insistió en que su verdadero valor depende de los conocimientos de quien la utiliza.

En este sentido, defendió que cuanto mayor sea la formación de una persona, más posibilidades tendrá de aprovechar la inteligencia artificial para aprender, investigar y generar nuevas ideas.

Por el contrario, utilizar estas herramientas sin una base suficiente de conocimientos puede aumentar la dependencia tecnológica y dificultar la capacidad para valorar críticamente sus resultados.

Para Estévez, la solución pasa por avanzar hacia una inteligencia artificial colaborativa, en la que las máquinas potencien las capacidades humanas en lugar de reemplazarlas.

Biotecnología y mundos virtuales: los nuevos desafíos educativos

Durante su conferencia, Estévez amplió el análisis a otras dos grandes transformaciones tecnológicas que, junto con la inteligencia artificial, podrían modificar profundamente la vida humana: la biotecnología y los entornos virtuales.

La especialista abordó las posibilidades futuras de las interfaces entre el cerebro y las máquinas, así como sus eventuales implicaciones para el aprendizaje, la memoria y las capacidades cognitivas.

También advirtió de los riesgos asociados al desarrollo de entornos virtuales cada vez más inmersivos, capaces de generar experiencias emocionales que las personas perciben como reales.

En este sentido, explicó que el miedo, la alegría o las relaciones afectivas experimentadas en un espacio virtual pueden producir respuestas emocionales reales en quienes participan en él.

Estévez subrayó que el acceso de los menores a estos nuevos entornos debe acompañarse de una reflexión educativa y de medidas que permitan proteger su desarrollo personal.

Los colegios, fundamentales para preservar la autonomía humana

En la parte final de su intervención, Estévez realizó un llamamiento a los docentes y responsables de centros educativos para que se mantengan informados sobre los avances tecnológicos y participen activamente en las decisiones sobre su utilización.

La experta defendió que, ante un escenario de transformaciones aceleradas, la educación debe contribuir a formar personas capaces de pensar de manera independiente, desarrollar capacidades propias y continuar aprendiendo a lo largo de la vida.

Para ello, destacó tres principios fundamentales: ser únicos, ser útiles y seguir aprendiendo.

Estévez insistió en la importancia de no delegar completamente las tareas intelectuales en la inteligencia artificial y de conservar la iniciativa personal, el esfuerzo y la capacidad de aportar conocimientos propios.

Asimismo, señaló que los centros educativos desempeñarán un papel decisivo para que las nuevas generaciones puedan desenvolverse en una sociedad en la que la tecnología tendrá una presencia cada vez mayor.

Su mensaje final fue una reivindicación de la responsabilidad de los colegios y del profesorado para preparar a los alumnos ante un futuro tecnológico todavía incierto, sin renunciar a las capacidades que sustentan el desarrollo humano.

 

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