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César Poyatos: «La inteligencia artificial debe estar al servicio del aprendizaje, no sustituir el criterio del docente»

El experto en tecnología educativa advierte en el Congreso Top Voces Educación de ACADE sobre los riesgos de delegar el pensamiento en los algoritmos y defiende una integración de la IA basada en criterios pedagógicos.

La inteligencia artificial ofrece nuevas oportunidades para personalizar la enseñanza, eliminar barreras de aprendizaje y mejorar la práctica docente. Sin embargo, su incorporación a las aulas exige una reflexión sobre sus riesgos y, especialmente, sobre la necesidad de preservar la autonomía, el pensamiento crítico y el papel del profesorado.

Este fue el mensaje central de César Poyatos, doctor en Educación y profesor de Tecnología Educativa en la Universidad Autónoma de Madrid, durante su intervención «Docentes inteligentes en tiempos de algoritmos artificiales», celebrada en el Congreso Top Voces Educación 2026, organizado por ACADE los días 15 y 16 de octubre en Madrid.

Poyatos advirtió de que la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial contrasta con los tiempos que necesita el sistema educativo para incorporar nuevas herramientas. Mientras que la integración de internet en las aulas requirió años de formación y adaptación, la IA está irrumpiendo a un ritmo mucho más acelerado.

«La educación es una cocina a fuego lento y no es un fast food», señaló el experto, quien defendió la necesidad de reflexionar antes de introducir estas tecnologías y evaluar qué valor aportan realmente al aprendizaje.

Los riesgos de una inteligencia artificial que no es neutral

Durante su intervención, Poyatos desmontó algunos de los mitos asociados a la inteligencia artificial, comenzando por su supuesta neutralidad.

Mediante ejemplos de imágenes generadas por IA sobre profesores de distintas etapas educativas, mostró cómo los algoritmos pueden reproducir estereotipos de género y edad, así como ofrecer representaciones distorsionadas de la realidad.

El especialista recordó que los sistemas de inteligencia artificial generan respuestas plausibles, pero no necesariamente verdaderas, y alertó del riesgo de aceptar sus resultados sin cuestionarlos.

También llamó la atención sobre la tendencia a atribuir cualidades humanas a estas herramientas, una práctica que puede generar una confianza excesiva y llevar a compartir información personal o académica sin valorar suficientemente sus implicaciones.

En este sentido, planteó interrogantes sobre el uso de la IA para corregir trabajos escolares, la protección de los datos del alumnado y la responsabilidad del profesorado en los procesos de evaluación.

Aprender exige esfuerzo, conocimiento y pensamiento propio

Uno de los aspectos centrales de la conferencia fue el riesgo de utilizar la inteligencia artificial para evitar los procesos cognitivos necesarios para aprender.

Poyatos explicó que resolver una tarea mediante IA no significa necesariamente haber adquirido los conocimientos que esa actividad pretende desarrollar.

Cuando un estudiante delega completamente en una herramienta la elaboración de una redacción o la resolución de un problema, puede obtener un resultado aparentemente correcto sin haber comprendido el procedimiento.

El experto insistió en que el aprendizaje requiere esfuerzo, reflexión, capacidad para equivocarse y oportunidades para corregir los errores. Por ello, defendió que la inteligencia artificial debe utilizarse para potenciar estas capacidades, y no para sustituirlas.

Asimismo, subrayó que el conocimiento sigue siendo imprescindible para desarrollar el pensamiento crítico y la creatividad. Sin una base sólida, el alumnado difícilmente podrá identificar los errores o sesgos de las respuestas generadas por los algoritmos.

El modelo MAPA: una inteligencia artificial al servicio del docente

Frente a estos riesgos, Poyatos presentó distintas aplicaciones educativas de la inteligencia artificial y explicó su modelo MAPA, basado en cuatro funciones: Modelar, Anticipar, Personalizar y Acompañar.

Este enfoque permite utilizar la IA para ofrecer ejemplos que faciliten la comprensión, anticipar dificultades de aprendizaje, adaptar los contenidos a las necesidades e intereses del alumnado y proporcionar apoyos que se retiren progresivamente a medida que los estudiantes adquieren autonomía.

Entre los ejemplos expuestos, destacó la posibilidad de adaptar materiales a distintos niveles de comprensión, transformar contenidos a formatos más accesibles o contextualizar ejercicios matemáticos en temas que despierten el interés de los estudiantes.

Estas aplicaciones, vinculadas también al Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), permiten avanzar hacia experiencias educativas más inclusivas y personalizadas.

El especialista defendió que el verdadero potencial de la IA aparece cuando se combina con una participación activa del profesorado y del alumnado, de manera que la tecnología amplía las posibilidades de aprendizaje sin sustituir el trabajo intelectual.

La decisión de utilizar la IA debe seguir en manos del profesorado

Poyatos cerró su intervención reivindicando el valor insustituible de las relaciones humanas en la educación.

El vínculo entre docentes y alumnos, la confianza, el acompañamiento y la conexión personal son elementos que ninguna herramienta tecnológica puede reemplazar.

Por ello, defendió que el profesorado debe conservar el control sobre las decisiones educativas y determinar en qué situaciones la IA aporta un valor añadido y en cuáles resulta preferible prescindir de ella.

La clave, concluyó, no está en utilizar inteligencia artificial en todas las actividades, sino en saber cuándo contribuye a mejorar el aprendizaje y cuándo puede convertirse en un obstáculo para desarrollarlo.

El propósito pedagógico, el conocimiento y la mirada del docente deben seguir siendo los elementos que guíen la incorporación de la inteligencia artificial a las aulas.

 

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