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Marián Rojas Estapé en Top Voces Educación: «Para estar bien con los demás, lo primero es estar bien con uno mismo»

La psiquiatra y escritora ofreció una reflexión sobre la salud emocional de los docentes, la crisis de atención y el impacto del estrés y las pantallas en el aprendizaje, con un mensaje central: cuidar a quienes educan es esencial para acompañar el desarrollo de los alumnos.

La psiquiatra y escritora Marián Rojas Estapé participó en el Congreso de ACADE  Top Voces Educación con la ponencia «Entiende y gestiona tu mundo emocional: claves para acompañar mejor a alumnos y equipos», una intervención centrada en la importancia del bienestar emocional de los profesionales de la educación y en los desafíos que afrontan docentes y centros educativos en una sociedad marcada por la aceleración tecnológica, la sobreestimulación y las dificultades para mantener la atención.

Desde el comienzo, Rojas Estapé planteó una cuestión fundamental para el sector educativo: ¿quién cuida a quienes cuidan? La psiquiatra recordó que maestros, educadores y profesores no solo transmiten conocimientos, sino que también enseñan a pensar, desarrollan el pensamiento crítico y acompañan a niños y adolescentes en su crecimiento personal. Una tarea que requiere atención, paciencia y equilibrio emocional, y que hace imprescindible cuidar la salud física y mental de los propios profesionales.

La crisis de atención, uno de los grandes desafíos educativos

Uno de los ejes de la ponencia fue lo que la especialista definió como una «profunda crisis de atención», relacionada con la sobreestimulación, el consumo constante de contenidos digitales y la dificultad creciente para concentrarse, gestionar los impulsos y tolerar la frustración.

Rojas Estapé destacó la importancia de la corteza prefrontal, vinculada a funciones esenciales para el aprendizaje y la convivencia, como la atención, la concentración, el autocontrol, la resolución de problemas y la empatía. En este contexto, advirtió de que la exposición continuada a estímulos rápidos y cambiantes puede dificultar el desarrollo de la capacidad de mantener la atención y profundizar en los contenidos.

La psiquiatra subrayó que la tecnología puede ofrecer oportunidades, pero alertó de los riesgos de utilizar las pantallas como sustituto habitual de la interacción, la escucha o la capacidad de gestionar el aburrimiento. En su opinión, la educación necesita preservar los espacios de atención sostenida, reflexión y pensamiento crítico, especialmente en una etapa en la que niños y adolescentes están desarrollando sus capacidades cognitivas y emocionales.

También señaló que la búsqueda permanente de gratificación inmediata puede reducir la tolerancia al esfuerzo y a la frustración, dos elementos fundamentales para el aprendizaje. Frente a ello, defendió la importancia de recuperar el valor de la constancia, la perseverancia y la satisfacción que se obtiene al alcanzar objetivos que requieren dedicación.

El estrés y su impacto en docentes y alumnos

Otro de los aspectos centrales de la intervención fue el efecto del estrés mantenido sobre la salud y el comportamiento. Rojas Estapé explicó que el organismo puede activar sus mecanismos de alerta no solo ante amenazas físicas, sino también frente a situaciones emocionales, sociales, profesionales o económicas que se viven como preocupantes.

Cuando ese estado de alerta se prolonga, puede afectar al descanso, la concentración, la regulación emocional y la forma de relacionarse con los demás. En el ámbito educativo, estas dificultades pueden repercutir tanto en los profesionales como en los alumnos.

La especialista invitó a los docentes a observar los cambios de comportamiento de los estudiantes antes de atribuirlos exclusivamente a problemas de actitud o atención. Un alumno que empieza a mostrar dificultades para concentrarse, irritabilidad o impulsividad puede estar atravesando una situación personal, familiar o social complicada que conviene identificar.

En este sentido, insistió en la importancia de comprender el contexto emocional de cada estudiante y de prestar atención a las señales que pueden revelar malestar, acoso escolar u otras dificultades.

Aprender a cuidarse para acompañar mejor

La ponencia incluyó distintas pautas para mejorar el bienestar emocional y afrontar las exigencias de la vida cotidiana. Entre ellas, Rojas Estapé destacó el ejercicio físico, la protección del sueño, la respiración consciente y la búsqueda de momentos de calma y desconexión.

La especialista defendió la necesidad de que cada persona identifique qué situaciones le generan estrés, cómo reacciona cuando se encuentra saturada y qué hábitos le ayudan a recuperar el equilibrio. El autoconocimiento, señaló, es un punto de partida para gestionar mejor las emociones y mejorar las relaciones personales y profesionales.

Asimismo, puso el foco en el valor de los vínculos humanos. Frente a una sociedad en la que las relaciones presenciales pueden verse desplazadas por la interacción digital, recordó que sentirse acompañado, escuchado y querido constituye un elemento fundamental del bienestar.

En el entorno escolar, esta capacidad de establecer vínculos adquiere una especial relevancia. La presencia, la escucha y el acompañamiento del profesorado contribuyen al desarrollo emocional de los alumnos y favorecen una convivencia basada en la confianza y el respeto.

Los docentes, referentes emocionales para las nuevas generaciones

En la parte final de su intervención, Rojas Estapé reivindicó el papel de los educadores como referentes para niños y adolescentes. Los definió como personas capaces de acompañar, orientar y transmitir seguridad en una etapa decisiva para el desarrollo.

Su mensaje final fue una invitación a que los profesionales de la educación reserven tiempo para conocerse, identificar sus necesidades y cuidar su propio bienestar. Porque, como recordó durante la ponencia, para estar bien con los demás, lo primero es estar bien con uno mismo.

Una reflexión que puso de relieve una dimensión esencial de la tarea educativa: el bienestar de quienes enseñan también importa. Cuidar a los profesionales de los centros educativos es una forma de fortalecer su capacidad para acompañar a los alumnos y contribuir a su desarrollo personal, emocional y académico.

 

 

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